Pronto se propago la lumbre al templo que quedó convertido en pavesas. Nada de "las muchas cosas de muy probado valor" se salvaron, a causa de esa desgracia ocurrida en 1574. Las pérdidas se estimaron en más de 20,000 ducados"
( se refiere a la antigua Catedral). Con la falta de dinero y con la lentitud
de los procedimientos administrativos, la construcción crecía
muy lentamente; el Cabildo le manifiesta a las autoridades superiores,
en abril de 1618, que ya se tiene culto en la nueva iglesia desde febrero,
pero "pasan muy graves incomodidades por faltar mucho para acabar
la dicha obra, como es el coro, puertas, ventanales, gradas, retablo, sacristía,
sala de cabildo y, las demás oficinas necesarias".
El historiador Ignacio Dávila Garibi nos narra que: "Los
primeros altares fueron muy modestos a causa de la escasez de fondo en
que se hallaba, entonces el cabildo eclesiástico; pero poco a poco
fueron sustituidos por otros mejores, debidos a la piedad de algunos capitulares
adinerados que destinaron gruesas sumas a la reconstrucción de los
altares dedicados a los santos de su especial devoción. Según
dice el P. de la Castilla, durante el pontificado del Exmo. Sr. Garabito
se enriqueció este templo con vistosos colaterales y una crujía
se formó un amplio cementerio, precisamente en el lugar que ocupa
ahora el Sagrario Metropolitano; sus pretiles se coronaron de barandillas
y almenas y se terminó la principal torre que queda al norte, próxima
al palacio episcopal; poco después quedó también concluida
la que está más al sur. Hubo varios temblores que dañaron la construcción de Catedral,
en 1687, 1739, 1749 y 1818 principalmente, el 22 de octubre de 1749 se
cayó el frente del templo y el 31 de mayo de 1818, se derrumbaron
las ya nombradas torres que eran muy parecidas a las que tiene el templo
de San Francisco de esta ciudad. Muchos años duró la Catedral
sin torres, fue hasta mediados del siglo XIX cuando el Arq. Manuel Gómez
Ibarra construyó las actuales; "costaron, del 30 de julio de
1851 al 15 de julio 1854, 33,521 pesos más 7,166 de honorarios al
arquitecto a razón de 2,000 pesos anuales" ( se empleo piedra
pómez para aligerarlas en caso de temblor) Se cuenta una leyenda
sobre la construcción de dichas torres, José Cornejo Franco
nos dice que cuando el obispo Aranda y Carpinteiro, después de la
procesión de Corpus (por 1850-1851), "el prelado amortiguaba
el calorón de junio con pitayas servidas en un platón de
aquellos con figuras y paisajes donde se veían campanarios piramidales,
como los nuestros, y los dio por modelo al arquitecto" Gómez
Ibarra. Las Capillas más antiguas de la Catedral están bajo las torres, la más vieja era la del Sagrario (hoy el Señor de las Aguas) y al de enfrente (que lleva mucho tiempo cerrada) que llamaban del Marqués, dedicada a Nuestra Señora de la Soledad. El señor Fray Luis del Refugio de Palacio en su obra "Recopilación de Noticias que se Relacionan con la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Zapopan", nos cuenta la leyenda del origen del Señor de las Aguas: "Es memorable, en la historia de Jalisco la inundación de los pueblos que había en el local que ocupa hoy la laguna llamada de la Magdalena. Una culebra de agua los destruyó y absorbió los más de sus habitantes. Con el resto se fundó de nuevo el pueblo de la Magdalena, y dejándose ver después de la inundación en la superficie de las aguas una imagen venerable de Nuestro Señor Jesucristo crucificado que de contado pertenecía a alguna de las iglesias de los pueblos inundados, entraron en pleito en tal forma los indios que pretendían separarse y llevarlo a la respectiva iglesia. La curia eclesiástica mandó traerlo a Guadalajara y para cortar un rompimiento entre ambos partidos, la colocó en la Catedral, y es el que se venera con el nombre del Señor de las Aguas". En 1827 se trasladó el coro a lo que por muchos años había sido Capilla de los Reyes, detrás del altar mayor, trabajos que se le encargaron al Arq. Mariano Mendoza quien fue el que construyó la cúpula del coro que arruinaron los temblores de 1875, al cual fue sustituida por la que se encuentra actualmente, obra del ingeniero Domingo Torres.
Aquí se encuentran los señores José Garibi Rivera, José Salazar López, Juan Santiago y Garabito, Juan Jesús Posadas Ocampo, Fco. Gómez de Mendiola y el Corazón de Juan Ruiz de Cabañas y Crespo. En 1863, se sustituyó el antigua altar mayor que era todo de plata v fundido en 1860, se remplazó por el ciprés de mármol que regaló el obispo Espinoza y Dávalos, traído de Génova y costó la grandiosa cantidad de treinta mil pesos de los de aquel entonces (ciprés que fue quitado hace pocos años e ignoro donde se encuentre). Dávila Garibi en sus "Memorias Tapatías" nos dice algo del antiguo altar: "Tenía la forma de un bellísimo ciprés de planta cincelada, de indiscutible mérito y gran valor; sus frontales eran también de bruñida plata, lo mismo que los innumerables objetos que lo adornaban, siendo el principal una gran lampara que pendía del centro de la nave en dirección del templete y que según el Dr. Del Campo y Rivas, tenía tres varas de diámetro, nueve de circunferencia y otras tantas de longitud; se componía de tres mil doscientas setenta y siete piezas, las cuales, sin incluir los arcos y varillas de refuerzos, pesaban cuatro mil setecientos marcos y tres onzas y media de plata. Esta valiosisima lámpara con los candiles, candelabros y candeleros de plata que le hacían juego, se fundió lo mismo que la plata que cubrían el altar mayor, durante la llamada "Guerra de Tres años", perdiéndose con esto una verdadera fortuna". El literato e historiador José Cornejo Franco nos dice que la
Catedral tiene una fachada monumental "con sus contrafuertes, en los
espacios que éstos dejan se ven la portada principal y dos laterales
que dan entrada a las naves de la iglesia, tres naves cuyas bóvedas
se encuentran a la misma altura. Los frontis son airosos y bien proporcionados;
columnas dóricas sostienen el arquitrabe rematado por un frontón
triangular en las portadas laterales; la central de peralta y sus columnas,
con las del segundo cuerpo, tiene capiteles corintios", en el intercolumnio
superior tres imágenes en sus nichos, rematando en frontón
partido. Toda la fachada está cubierta por enorme frontón, circular, almenado, con un pabellón gótico, de reminiscencia mudéjar, sobre el eje, la caseta del reloj; el tímpano de este frontón está ornamentado con un bajo relieve que representa la Asunción de María.
Al centro de la fachada de Catedral está un reloj que antes estaba
colocado en la torre sur hasta 1877; en 1910 se traslado al Santuario de
Guadalupe; se colocó uno nuevo (el que hoy está) "con
soneria, adquirido por el Exmo., Sr. Lic. Don José de Jesús
Ortíz", corona a este reloj una cruz de hierro catada. Sintetizando
un poco, la Catedral mide 77.80 metros por 72.75 metros y 65.91 de altura
máxima, posee 30 columnas dóricas, tres naves, tres puertas
en la fachada, coro, altar mayor, once altares laterales, está dedicada
a la Virgen de la Asunción y conserva muchas reliquias. Eduardo
A. Gibbón en su obra "Guadalajara (La Florencia Mexicana)"
refiriéndose a Catedral nos dice que: "Desde las bancas de
hierro del aromático jardín de la Plaza de Armas, he contemplado,
absorto el pensamiento, esa enorme mole arquitectónica de tan bellas
líneas y matemáticas proporciones destacándose ante
mi vista como un palacio de oro bañado todo por la argentina luz
de la luna".
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