Desde las tres de la tarde, se apostaba frente a la puerta de las casas la carreta contratada en cuatro o cinco reales, por toda la tarde del domingo, para llevar a la familia. Las criadas y los muchachos, ponían colchones para los golpes y sarapes en previsión de lluvia. De vez en cuando se veía alguna silla chaparrita de las llamadas "Locas" para las señoras mayores de arterias duras. Los muchachos se peleaban por ir en la parte delantera de la carreta, en donde con frecuencia los bueyes ensuciaban de buñiga la punta de los zapatos. Todo estaba en la diversión, y no creas, hermano, que se trataba de unas cuantas carretas, pues eran cerca de cien o doscientas, era muy pintoresco ver la calle real con una verdadera procesión de estas carretas, en que las muchachas cantaban alegres tonadillas; se bromeaban de una a otra y los chicos gritaban arreando a los bueyes. Al llegar al Paradero se colocaban a los lados del camino. Esta costumbre era para las familias veraneantes de San Pedro, pues las de Guadalajara llegaban en coches o en vagones tirados por mulitas con sus collares de cascabeles y guiados por su correspondiente cochero, que traía colgada al cuello una cornetita de latón en forma de alfange, para anunciar su paso por las esquinas. |