La multitud se encaminaba con premura al oeste de la población,
dejando a su derecha la Ermita de San Sebastián, para ir al encuentro
de los oidores, alcaldes mayores que venían a instalar la Audiencia
Real". Cuentan que cuando se construía el templo y convento de Santa Mónica, un día de esos se presentó un grupo de jóvenes para ofrecer sus servicios en los trabajos de labrado de canteras y las monjas aceptaron el ofrecimiento; así que comenzaron a esculpir las columnas y los arcos del patio monacal, labraban con maestría y rapidez que hasta gusto daba verlos. Cuando la obra estuvo terminada se buscó a los jóvenes canteros para pagarles por su excelente trabajo, pero no fue posible encontrarlos por ningún lado, la gente no pudo dar noticias ni de su paradero ni de su procedencia; y lógicamente que las monjas le atribuyeron la construcción a los mismísimos ángeles, de aquí el nombre que ostenta hoy. Fray Luis de Palacio nos describe algo de como era este patio: "El patio del claustro principal, aunque de obra tosca y proporciones bastas, chaparronas, era bien proporcionado y hermoso por la exhuberancia del ornato lapídeo. Le decían "el patio de los Angeles", porque al querer pagar a los operarios, ninguno apareció más... Los techos en la parte baja eran también bajos, pero magníficos, con la viguería montada en canecillos y solera con molduras; cuya parte baja era tristona y sombría. Hoy todo quedó asolado, para dar lugar al nuevo y moderno edificio del Seminario Conciliar. Los pilares y arcos historiados fueron a dar a San Sebastián de Analco, aunque ya no los montaron en forma de claustro, sino en partes, acá y acullá. El presbítero J. Jesús Jiménez nos dice que: "No era una construcción majestuosa, sino más bien basta y chaparra. El aspecto, por lo bajo de los techos, era sombrío. Mas le daba hermosura al edificio, el claustro bajo, con su profusión de adornos en la cantería de los arcos, las columnas estriadas con hermosos capiteles corintios y la viguería del techo "montada en canecillo y solera con moldura". Se le llamaba a este conjunto Patio de los Angeles, no por lo hermoso y bien trazado, sino porque existió la tradición de que a los jóvenes que lo construyeron, al irles a pagar lo debido por su trabajo, encontraron que habían desaparecido. Estos arcos y columnas del claustro bajo, al derribarse totalmente el convento, se trasladaron a una dependencia de San Sebastián de Analco. Cuando se clausura el convento de Santa Mónica, quedó
abandonado por muchos años y la arquería estuvo a punto de
quedar destruida, pero gracias a la intervención del sacerdote Salvador
Morales, quien fue el constructor principal de la Casa de Ejercicios del
templo de San Sebastián, la arquería y las columnas fueron
desmontadas y las trasladaron a dicho templo donde fueron reinstaladas.
Por varios años esta construcción, estaba mal utilizada y
medio abandonada, este local fue destinado primeramente para sede del Museo
de la Ciudad, pero este proyecto se vino abajo; un tiempo este patio sirvió
de galería para exposiciones de artes plásticas y eventos
culturales. |