En ese mismo año el provisor del Obispado, el señor Larragoiti, se encargó de amparar el establecimiento, y en el cuidado espiritual de las beatas, estuvo bajo la batuta del cura Nicolás Chávez. Miserable y precaria era la existencia de esta comunidad, con decirles que el médico de la casa aseguraba, que las beatas morían más de hambre que de enfermedad. La comunidad estaba a punto de ser disuelta, por hallarse congregada sin licencia alguna y el padre Chávez al ver esto, les aconsejó a las beatas, como recurso salvador, que abrieran una escuela de doctrina cristiana de diversas artes. La escuela quedó abierta y la comunidad que se encargó de ella tomó el nombre de "Congregación de Maestras de la Caridad y enseñanza", el sábado 4 de octubre de 1777. Los resultados fueron tales, que el mismo Antonio Alcalde comenzó a proteger a las congregantes y les obsequió como regalo de Pascuas, cien pesos, como lo siguió haciendo por varios años. El padre Chávez fue a México y trajo tornos para hilar y muchos objetos para las labores del colegio. El número de novicias se hacía mayor y viendo el señor Alcalde los buenos resultados que podía dar al público esta institución, se propuso dotarlo completamente y decidió que el establecimiento se cambiara a una finca frontera al templo de Nuestra Sra. de Guadalupe. El Colegio se trasladó el 26 de agosto de 1784 y tomó el nombre de "Congregación de Nuestra señora de Guadalupe" o "Beaterio Nuevo", cambiando también sus hábitos azules de la Orden Franciscana, por uno negro; estando a cargo de las religiosas de Santa Clara. Esta Congregación fue formada con el fin de dar refugio "A las mujeres y doncellas que aspiran a menudo a la vida religiosa, las cuales, o por debilidad de su natural complexión o por lo avanzado de su edad, o por no sentirse inclinadas a practicar las asperezas y penitencias corporales, no pueden entrar en las religiosas en que se les obliga a esto". Y deben ser recibidas no sólo las vírgenes, sino las viudas legítimamente libres del cuidado de los hijos; las de edad, con tal de que tengan buen espíritu; las corporalmente deformes, "si no la tienen en el corazón", y las enfermas, excepto las atacadas de mal contagioso. A todo esto también hay que agregar que tenían por ocupación principal la enseñanza de las niñas. Después del traslado a su nuevo hogar, las beatas decidieron abrir las doctrinas públicas el 6 de septiembre de 1784, enseñando el aprendizaje de la doctrina cristiana, lectura, escritura, algo de aritmética, hacer flores artificiales, labrados, tejidos de lana, algodón, lino, seda y otras cosas propias del sexo; en 1791 ya había clases de solfeo y música, poco después recibió un clave esta institución. Al paso del tiempo, las labores manuales alcanzaron gran fama por su perfección en el bordado, las flores artificiales, sus dulces y sobre todo "la pegadura o buche de pescado". Con la Independencia un gran número de españoles asustados dejaron antes de huir al aproximarse los insurgentes a Guadalajara, a sus hijas al cuidado de las beatas como un seguro asilo. En 1810 una parte de la antigua "Casa de Recogidas" o "Beaterio Viejo" (a un costado del templo del Pilar), estaba destinada a cárcel de mujeres, las cuales pasaron después de un tiempo a la penitenciaría de Escobedo (hoy Parque de la Revolución). Fue clausurado el Beaterio el 10 de agosto de 1861, dejando en su historia a más de veinticinco mil señoritas educadas en los menesteres femeninos. Esta casa de educación regaló a Guadalajara su mejor legado, "la educación y servicio". Parece ser que el gobierno vendió la propiedad del "Beaterio Viejo". Después la ocuparon las religiosas Reparadoras, posiblemente a principios de este siglo. En el tiempo de la persecución religiosa del presidente Calles, fueron expulsadas las monjas; pasada la persecución religiosa se estableció el Colegio Cervantes de los hermanos Maristas, después por algunos años el Colegio Allende y actualmente sólo nos queda el recuerdo de la gran obra formada por el hermano Marcos Flores, perteneciente a la Tercera Orden de San Francisco y por supuesto a sus hermanas Francisca de la Concepción, Ana rosalía Flores y María Ignacia de Guadalupe. |