El Ayuntamiento tapatío afirmaba que estas funciones alteraban el orden público y decidieron suprimir la expedición de licencias en 1824. Al siguiente año se reanudaron las representaciones, comprometiéndose el Ayuntamiento a regular y no a prohibir las actividades que divertían a la población. Los coloquios reinaron por casi una década en el gusto de la gente, pero su decadencia se dejó sentir allá por el año de 1832; la mala situación del espectáculo obligó a los actores a unirse a compañías teatrales, pues como éstas contaban con el apoyo del Ayuntamiento, no pagaban impuestos al municipio. |